Todos los días y sin fallar, nosotros nos bendecimos antes de salir del hogar...
Mi esposo me bendice (me le acerco con amor y respeto...) y le pido me bendiga. Y él se ha acostumbrado a pedirme le bendiga también. Como esposos, es de suma importancia que recordemos nuestro caminar matrimonial. El matrimonio es nuestra vía de santificación: el uno para el otro.
Los hijos ven que los padres se bendicen mutuamente y ellos participan en el diario bendecir de la familia con corazones abiertos y alegres.
Nunca olvidemos de bendecir a nuestros esposos e hijos día con día...y de pedirles nos bendigan a nosotras también. Dios nos bendice por medio de nuestros seres amados...seamos un rayito de sol y alegría para nuestras familias... para poder regar bendiciones en todo el mundo que se encuentra tan necesitado de luz.
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